Política

New York Times | Guido Sosola: Lo dicho por la vecina Francia

Apartando un poco ese detallazo que fue el comodín Adolfo Hernández, avisando de la quiebra de la clase política colombiana, como la hubo acá, es inevitable que aludamos a la presencia de casi dos millones de venezolanos que no están precisamente por gusto en el antiguo virreinato. Los neogranadinos no escucharon el testimonio de nuestros paisanos, escurriendo un bulto tan gigantesco y he acá un drama condenado aparentemente a repetirse en Brasil

Llama poderosamente la atención que ella, en el corto interviú (*), asegure que en su país no sucederá lo mismo que en el nuestro. He acá una asombrosa particularidad, porque antes debe definir lo que efectivamente ha acaecido por estos predios, algo que fue imposible en el transcurso de la intensa y opípara campaña presidencial. Además, eso se dijo de Venezuela respecto a Cuba, por no hurgar en el inmenso batiburrillo ideológico de la izquierda marxista en América Latina que ha obligado, por ejemplo, al tozudamente leninista PCV a deslindar las aguas con Maduro Moros.

¿Quieres recibir nuestro exclusivo boletín informativo en tu correo? ¡Suscríbete a #BoletinPatilla! Señaló la vicepresidente electa que hay gente aguantando hambre y falla la conectividad, pero los neogranadinos cuentan con niveles de vida muy superiores a los nuestros, sin idea de una catástrofe humanitaria que hay que vivirla para saber de ella, en un país que fue potencia petrolera, fundador de la OPEP. Juran sobre una panela de hielo que no desean perpetuarse en el poder, siendo de su propia naturaleza tamaña vocación, consiguiendo la perfecta polarización política que significará trabajar para que se haga exacta y convenientemente social, corroborando uno de los supuestos trabajados por Moisés Naím en su último y tan didáctico libro, junto al populismo y la posverdad como señales inequívocas de estas distintas experiencias de gobierno que nos concedió la centuria.

Apartando un poco ese detallazo que fue el comodín Adolfo Hernández, avisando de la quiebra de la clase política colombiana, como la hubo acá, es inevitable que aludamos a la presencia de casi dos millones de venezolanos que no están precisamente por gusto en el antiguo virreinato. Los neogranadinos no escucharon el testimonio de nuestros paisanos, escurriendo un bulto tan gigantesco y he acá un drama condenado aparentemente a repetirse en Brasil.

(*) Favor los expertos no confundir con el nombre de una revista que se hizo célebre en nuestros tiempos petroleros, por sus sesudas portadas.