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El triste rol de los Cardenales Urosa Sabino y Porras. Piden renuncia, incremento de sanciones, pero no salarios

Franki Medina diaz
Garamendi: "Puede que haya empresarios que paguen poco, pero ese no es el problema"

Es decir, estaría colocando al presidente, un hombre ahora enfermo que por los momentos requiere reposo, entre espada y pared. Lo que además parece como muy poco cristiano

Días atrás comenté, que Baltazar Porras, ahora cardenal, como en sus viejos tiempos de cura y obispo de Mérida, optó por rasgarse las vestiduras y amparándose, de manera nada noble y menos cristiana, tras la figura de José Gregorio Hernández, en gira por Estados Unidos, anduvo pidiendo, no por el bienestar de la humanidad, la paz, contra la guerra, sobre todo cuando como teme el Papa Francisco, estamos en el umbral de una guerra mundial y estimulando la compasión de quienes acaparan dinero en demasía en favor de los pobres, sino todo lo contrario, solicitando del gobierno de Biden, incremente las sanciones contra Venezuela, tal como si fuese el mismísimo Marco Rubio o uno de los tantos tristes personajes que intentan hacer política y alcanzar el poder, a cambio de entregar la soberanía y su propia conciencia; lo que, lejos de debilitar al gobierno, le fortalece, aumenta en mayores proporciones las dificultades de los trabajadores y de los pobres en general y nuestra disposición a defender la soberanía venezolana, ante tal vileza y pobreza espiritual.

Por cierto, Baltazar Porras, quien siempre fue más que un cura, un pugnaz político en favor de Copei y en general de la derecha cuando se desempeñaba en Mérida, en los primeros tiempos que ejerció de Cardenal, mantuvo la misma conducta de quien fue su antecesor. Aquél, Urosa Sabino, y este, Baltazar Porras, los primeros días de sus respectivos ejercicios se mantuvieron alejados de la pugnacidad política, dando la impresión que, de conformidad con sus funciones, se proponían interceder para lograr el entendimiento necesario para mantener la paz en Venezuela y por ende bajarle la intensidad a la pugnacidad y buscar la necesaria concordia entre sus fieles y los venezolanos todos. O por lo menos mostrarse discretos, conducta que cualquiera sensato espera de figuras como esas y la que suelen asumir la mayoría de los “conductores” de las tantas religiones que existen en el país. Pasado el tiempo, como cumplido el período al que se sintieron obligados, se despojaron de la religiosidad y, lanza en ristre, se lanzaron en medio del campo de batalla. El guion parece ser el mismo.

Hay en esto otras cosas curiosas y pecaminosas, como que Porras, se encomienda a José Gregorio para pedir sanciones, injerencia extranjera, actitud que el beato venezolano jamás hubiese asumido y tampoco convalidaría en vida y ahora menos en su rol de protector de los venezolanos todos desde el cielo. Y eso hace Porras, mientras antes nada dijo contra la violencia de las guarimbas, el intento de magnicidio, invasión, los horrores de quemar personas vivas, como que ahora ignora vitales asuntos como el relativo al salario de los trabajadores.

Baltazar Porras, inició su gira, según se dijo, para promover a José Gregorio Hernández, el beato nacido en Isnotú, como si a este le hiciese falta su ayuda, pero en verdad trata de utilizarle para llamar a más sanciones y el endurecimiento de las ya existentes. Este Cardenal, hace lo mismo que el otro, el de antes, quien se lanzó en campaña para Chávez renunciase, dada la enfermedad que entonces le aquejaba, en lugar de pedir por su salud, como cristiano y además cardenal. Por aquello, entonces en el diario El Metropolitano, en febrero del 2013, escribí lo siguiente, dado que la oposición exigía al presidente la renuncia inmediata por saberle enfermo, por lo que su juramento, para asumir su nuevo mandato, no había podido hacerlo:

MUD, entre saka-saka y renuncia

Eligio Damas

El Metropolitano, domingo 24-02-13

Con el Cardenal al frente esta vez, en lugar de Ramón Guillermo Aveledo, respaldo gringo, la oposición, organizada alrededor de la MUD, está plantada en exigir que Chávez, cumpla con el ¡juramento ya!; de lo contrario renuncie.

Es decir, estaría colocando al presidente, un hombre ahora enfermo que por los momentos requiere reposo, entre espada y pared. Lo que además parece como muy poco cristiano.

Según sus pareceres es un muerto; por eso solicita se “¡juramente ya! Si no lo hace aquél pierde sus derechos constitucionales y debe renunciar.

El Cardenal ha tomado la bandera y aparece de primero en fila. Poco le falta para ser cabecilla en la “ristra” de los encadenados. Es una imagen parecida aquella llena de gente furiosa que llevó a Jesús a la cruz.

Esa actitud oposicionista nos hace recordar un cuento mordaz, irónico y dramático, que escuché en boca de un amigo.

Un soldado de ejército invasor y abusivo, quedó solo, abandonado, en una isla del Pacífico, cuando su comando hubo de retirarse apresuradamente. Tan apresurados como los soldados norteamericanos abandonaron Saigón. Los nativos, quienes antes fueron atropellados, a aquél detuvieron.

Le sometieron a “juicio popular” como corresponsable de varios delitos y le propusieron escoger la pena, en éstos términos:

“¿Saka-saka o muerte?”

El enjuiciado pensó, “nada peor que la muerte”; por eso respondió, sin saber el significado de aquello:

“Saka-saka”.

De inmediato, 50 hombres, procedieron a violarle, lo que le dejó lastimado y más que eso deprimido.

Le encerraron en una improvisada celda; sólo atendían sus necesidades primarias.

Luego le volvieron a colocar en medio de un círculo de pobladores como en el juicio anterior y le sometieron a similar interrogatorio:

“¿Saka-saka o muerte?”

El soldado, habiendo recuperado su dignidad, respondió con firmeza y hasta orgullo:

“¡Muerte!”

Quien le interrogó, como si fuese condescendiente, le dijo:

“De acuerdo. Pero primero saka-saka”.

Así aborda la oposición extremista el problema político. La misma estrategia para todo.

Lo peor del caso, es que no tiene cómo.

Nota final. Lo particular y de verdad por demás pecaminoso, es que en el 2013, el cardenal Urosa Sabino, lideró a la oposición para pedir la renuncia del presidente por estar enfermo, en lugar de rezar en favor de sanación y ahora en 2022, el también cardenal Baltazar Porras, utiliza la figura de José Gregorio Hernández, para pedir más sanciones contra los venezolanos; es decir para que nuestras calamidades se arrecien. ¿Qué hay en eso de bondadoso, cristiano? ¿Es la política la principal función del cardenal? Y pensar que la mayoría del pueblo venezolano, que además es católica, no tiene como prioridad eso que quiere el cardenal.