Deportes

La Guatemala que los Martinelli dejaron atrás

Cuando empezó la construcción de la nueva “residencia” la dirección del penal les ordenó subir la cerca perimetral, a fin de que no se notara la construcción. Incluso, mandaron a hacer un gimnasio para su uso exclusivo

Ricardo Alberto y Luis Enrique Martinelli Linares esperan en una cárcel federal de Nueva York su sentencia, luego de ser extraditados a Estados Unidos. Los hermanos confesaron sus delitos y un juez federal dictará sentencia el próximo mes. Los confesos pidieron al juez que se le reconozca en su condena el tiempo que pasaron privados de libertad en la cárcel ‘Mariscal Zavala`, en Guatemala.

Luis Enrique Martinelli, “Kike”, estuvo detenido en Guatemala desde el 6 de julio de 2020 hasta el 15 de noviembre de 2021, o sea, unos 16 meses. Su hermano mayor, Ricardo Alberto, “Rica”, pasó casi un mes adicional en Guatemala, pues su traslado ocurrió el 11 de diciembre.

En mayo cada uno, por separado, conocerá el término de su condena, luego de haber confesado su participación en un esquema de lavado de dinero mediante el cual se blanquearon millones de dólares recibidos como soborno del contratista Odebrecht en los años en que su padre fue Presidente de Panamá.

Los fiscales han solicitado una condena de más de quince años para cada uno. Los abogados que representan a los hermanos Martinelli, por su lado, alegan que no deberían recibir más de dos años cárcel, y que el tiempo que pasaron ya detenido (16 y 17 meses en Guatemala, más los cuatro o cinco meses que llevan en Nueva York) se les reconozca. O sea, que saldrían ya en libertad.

Cárceles inhumanas

Los abogados defensores al suplicar una condena más benigna en favor de sus clientes, han deslizado ante el juzgado un argumento particular: tener en cuenta las duras condiciones por las que normalmente atraviesan los reos en cárceles centroamericanas, conocidas por su hacinamiento y violencia, en centros mezclados con pandilleros y maras , narcotraficantes y detenidos de alta peligrosidad.

Los hermanos Martinelli Linares se encuentran detenidos en Estados Unidos. Pero, ¿fue esta realmente la experiencia que vivieron los hijos del expresidente panameño en Guatemala? ¿Vivieron los hermanos Martinelli semejante calvario, mientras dilataban el proceso de extradición con una infinidad de recursos legales, extendiendo un proceso que normalmente toma entre seis y ocho meses, al doble?

Una experiencia diferente

Una investigación llevada a cabo por este medio, junto a periodistas y una docena de fuentes, arroja otra realidad.

Tras pelear contra la extradición, retrasar las audiencias y hasta ver cómo las autoridades de Guatemala incautaban el avión privado de la familia luego de un incidente que aún no ha quedado del todo aclarado, fueron extraditados a Estados Unidos, no sin antes dejar en evidencia que en Latinoamericana no todas las cárceles son iguales, ni que a todos los presos se les trata igual.

El día que fueron detenidos, por solicitud de Estados Unidos para ser extraditados, las puertas de la cárcel más famosa del país se abrieron para recibirles como sus nuevos huéspedes.

El sitio en el que permanecerían no es una cárcel tradicional. Se trata de la base militar Mariscal Zavala, que en su momento fue construida con ayuda de Estados Unidos.

El complejo militar, que alberga la mal llamada “Cárcel del Mariscal Zavala“, es hoy un centro de operaciones militares, la residencia del ministro de la Defensa, una bodega de explosivos, la capellanía militar y un centro de entrenamiento con pista de aterrizaje.

“Mariscal VIP: el recorrido dentro de la prisión que muestra los privilegios de reclusos de ‘alto perfil’ y estrato social”, tituló el diario Prensa Libre de Guatemala en un reportaje de 21 de febrero de este año.

“La cárcel ofrece comodidad, lujo y privacidad pero solo para quienes pueden pagarlo” cuenta el artículo, explicando que originalmente el complejo militar había cedido un espacio al Ministerio de Gobernación para instalar dentro de su perímetro una “cárcel de máxima seguridad”.

Dicho espacio terminó siendo un oasis para delincuentes de cuello blanco, políticos y presos de alto poder adquisitivo.

Apenas llegaron los hijos del expresidente panameño, los personajes más oscuros de Guatemala les dieron la bienvenida en el sector VIP del improvisado penal.

El complejo militar alberga la mal llamada “Cárcel del Mariscal Zavala“. Cortesía Así, los Martinelli, pese a estar detenidos en una cárcel, siempre gozaron de comodidades, privilegios y prebendas, las mismas que unos cuantos políticos y empresarios locales gozaban.

Una esquina discreta

El área a donde fueron a parar los Martinelli se ubica en una de las esquinas más aisladas de la extensa base militar. Allí, antiguamente, funcionaban unas bodegas y había una cancha de fútbol.

A su llegada, fueron ubicados en el área que anteriormente ocupaba una casa de servicio, rodeada por una malla, donde guardaba prisión nada menos que el expresidente de Guatemala, el general Otto Pérez Molina, y su ex ministro de Gobernación, Mauricio López Bonilla.

Además, por allí pasaron presidentes de bancos guatemaltecos, empresarios, así como Gustavo Alejos, el poderoso exsecretario privado de otro ex expresidente de Guatemala, Álvaro Colom.

Diversión

Para entrar de visita a este centro penitenciario solo se deben atravesar dos portones. El primero, a orillas de la calle, donde cada día se observa la llegada de mensajeros de comidas a domicilio, ventas de licor, insumos y hasta un par de prostitutas que hacen cola para poder entrar y ver a sus clientes dentro del penal.

Los detenidos alojados en el área VIP del penal, sin embargo, allí donde guardaban prisión los hermanos Martinelli, tenían un horario especial, con día y hora para llegar, todo muy organizado, y dependía de las necesidades de cada huésped.

Además, contaban con un día a la semana muy especial. Por lo regular, los viernes, el recinto carcelario se vaciaba llegada la media mañana. Así, Pérez Molina, el expresidente y ex general, amo y señor del penal, decidió que ese día era solo para ellos, los del área VIP, sin intrusiones.

Y los familiares y visitantes de los presos VIP lo sabían.

Por ejemplo, los vendedores de licor, restauranteros de carne y las prostitutas tenían claro que los viernes era su momento de mejorar ingresos.

Puestos de carne, hot dogs, refrescos, un salón social, un gimnasio, una iglesia y hasta una venta de oro, eran algunos de los stands que debían dejar atrás los visitantes especiales antes de llegar a la cancha de fútbol para los encuentros de los viernes. Una vez dentro, los visitantes y los detenidos –como si estuvieran en un estadio– bebían cerveza y vitoreaban a su equipo.

Poder entrar de visita a este centro penitenciario solo se deben atravesar dos portones. Cortesía Lujo

Lujos es lo que la cárcel Zavala sabe dar y cobrar.

Algunos reclusos, esos recluidos en el área de los simples mortales, aseguran que el pago por una celda individual, o sea, un espacio de dos metros por tres, puede costar hasta US$45 mil al año.

En tanto que para un espacio en el sector donde residieron los Martinelli, en el área VIP, el pago es mensual y llega a costar hasta $25 mil por persona. O sea, $50 mil mensuales por los dos hermanos, según estimaron fuentes internas que pidieron reserva de sus nombres.

La gran diferencia en la tarifa radica –aseguran– en que, además de mucho mayor espacio en la sección VIP, tienen permiso de visita diaria y servicio de delivery preautorizado.

Y así fue, los hermanos recibían visitas de amigos, ya bien sea de Panamá o de otras partes del mundo, así como de familiares, con tan solo avisar. Igualmente, ordenaban a los distintos restaurantes de la localidad sus comidas, por medio de teléfonos celulares que los mantenían en contacto con el mundo exterior, con sus amigos y familiares, día y noche.

Elite

En Zavala, una malla separaba a los que podían pagar más y los que apenas lograban cubrir la cuota por unos cuantos metros cuadrados. Los Martinelli estaban en el primer grupo. Sus conexiones con políticos, con algunos contactos de su padre e incluso con amigos de la propia sociedad guatemalteca, los mantenían siempre alejados de la soledad.

Y no es para menos: ellos, en Guatemala, no solo eran los hijos de un multimillonario, ellos eran parte de la élite política y corrupta de América Central.

Estatus

A su llegada a la base militar, los Martinelli se integraron rápidamente a las maneras del penal.

Gustavo Alejos se convirtió en su “padrino” y, tan pronto llegaron, el político guatemalteco los alojó en la vivienda que usaba el expresidente Pérez Molina, quien, por entonces, estaba en el hospital.

Los Martinelli fueron acomodados en lo que era la cocina de esa casa, pero modificaron inmediatamente la estancia, tal y como informaron las fuentes a este medio.

Para ello “fueron contratados –en plena pandemia, y en medio de restricciones sanitarias en el penal– carpinteros y albañiles, así como organizadores de interiores, a fin de darle a estos espacios un estilo acorde con su nivel de vida”.

Incluso, una decoradora panameña fue al penal para decorar sus módulos. De nombre Úrsula, fue la misma que le hizo mejoras a la mansión del padre en Coral Gables, Florida (EU).

Un lugar acogedor

Su “celda” quedó bien organizada, con una televisión de unas 50 pulgadas, equipos de aire acondicionado, camas semi matrimoniales, clósets, uno para cada uno.

La ropa la compraban por internet, gracias a que poseían tablets, celulares y computadoras. Además, el lugar contaba con módulos para recibir visitas. Su “espacio” para vivir en la base, luego de las mejoras, terminó teniendo dos niveles, algo que se era único en el penal.

Todo recordaba a las películas y series que muestran las comodidades con las que vivió el legendario narcotraficante colombiano, Pablo Escobar durante el tiempo qué pasó en la prisión de Envigado, Medellín.

Los Martinelli contaban con escritorios, scanners, impresoras, consolas de juegos, asadores cuya temperatura era controlada mediante aplicaciones en sus celulares, pues contaban, como se dijo, con wifi, todo ello para organizar reuniones semanales con amigos y familiares, los cuales viajaban semanalmente a Guatemala desde Panamá, para pasarla con ellos.

Alguno que otro visitante, en ocasiones, incluso, se quedó durmiendo en el penal. Era cuestión de avisar y pagar.

Sus módulos fueron decorados con pisos, puertas y ventanas, muebles costosos, incluso, tenían máquinas de gimnasio para su uso exclusivo, introducidas en la base militar sin problema alguno, tal y como había entrado antes todo el mobiliario y el personal de la construcción.

Paga y pasa

Es un secreto a voces que nada entraba a la base si antes no se pagaba un soborno, los que podían llegar hasta miles de dólares, según las publicaciones aparecidas en la prensa guatemalteca.

Los Martinelli frecuentemente pedían comida fuera de la base, para lo cual tenían, según han confirmado testigos, un “asistente” guatemalteco que, dotado de carro, le hacía las diligencias en la ciudad y se las traía a la prisión.

Pero, además de la comida, testigos que han pedido total reserva contaron a este medio cómo introducían cajas de costosos licores, incluidos vino (favorecían el Chateauneuf-Du-Pape y los Merlot) y whiskies.

Es un secreto a voces que nada entraba a la base si antes no se pagaba un soborno. Cortesía En una ocasión, en una requisa sorpresiva, los licores fueron decomisados y las botellas destruidas, al igual que los equipos telefónicos en posesión de los jóvenes panameños.

Por ultimo, las fuentes contaron que, a pesar de que estaban en una sección de supuesto “aislamiento” dentro del penal, donde había solo unas 16 personas, los Martinelli contaban con permiso para salir de su sector y desplazarse a otros del penal, donde participaban de fiestas.

Nueva construcción

Poco antes de la Navidad de 2020, un juzgado guatemalteco autorizó el retorno del expresidente Pérez Molina a Zavala. Cuando el general vio que “su” casa había sido modificada y que en ella ahora vivían los Martinelli, entró en cólera y les advirtió que tenían 48 horas para irse de allí. En esas horas, Pérez Molina recibió llamadas de personeros del gobierno de Guatemala, así como de familiares de los jóvenes panameños, abogando por los hermanos, para que no los incomodara. Pero, las gestiones no tuvieron éxito.

Echados de sus lujosos módulos, los Martinelli tuvieron que dormir en los muebles de su sala esos primeros días. La cena de Navidad –un cerdo agridulce y vino– se echó a perder por lo inesperado de su nuevo entorno.

Pero la incomodidad no duró mucho. Poco a poco construyeron su nueva residencia. El pequeño cuarto, por mucho, era hasta cinco veces más grande que las chozas donde vivían los vecinos de la cancha de fútbol.

Cuando empezó la construcción de la nueva “residencia” la dirección del penal les ordenó subir la cerca perimetral, a fin de que no se notara la construcción. Incluso, mandaron a hacer un gimnasio para su uso exclusivo.

Para abril de 2021, ya contaban con dos habitaciones y espacios para sus visitas; el gimnasio y una bodega de herramientas para Luis Enrique, quien en sus tiempos libres se dedicaba a la jardinería en macetas.

Pero también se quedaron con el espacio que dejó su padrino –Gustavo Alejos– cuando se fue del penal. Llegaron a tener una cocina, en donde un soldado “kaibil”, condenado por crímenes de lesa humanidad, les preparaba la comida. Alejos –que abandonó el penal– les dejó la mitad de su casa para que armaran su cocina y el resto, para Pérez Molina.

Quejas de otros reclusos

La vida de los Martinelli fue de excesos en la base militar. Secretamente, y en ocasiones no tan secretamente, los otros reclusos expresaban su disconformidad con su presencia. Preferían que no estuvieran allí, pues habían despertado la curiosidad de la prensa guatemalteca, que empezaba a hacer reportajes sobre la vida de lujos que había dentro de esa cárcel.

Sus excesos exponían el estilo de vida de todos los reclusos. Los jóvenes panameños –que enfrentaron la posibilidad de ser trasladados a otra cárcel donde estaban recluidos pandilleros y líderes de maras guatemaltecas– llegaron a pedir reunirse con los demás reclusos del sector donde ellos estaban aislados y, según las fuentes, llegaron a pedir cartas de buena conducta para demostrar que sus abusos tan solo eran rumores para dañarlos.

La reunión se celebró, y ellos dijeron que no era de caballeros filtrar información del penal –refiriéndose a la de ellos, que un par de veces salió a la luz publica en reportajes–; que lo que pasaba en Zavala debía quedarse en Zavala. Advirtieron que tenían un par de sospechosos, mientras en Panamá, su padre aseguró que el Consejo de Seguridad Nacional era el que entregaba información sobre las comunicaciones y estilo de vida de sus hijos a La Prensa .

Pero sus estilos de vida trascendieron los muros de la base militar, donde fotografías y relatos de testigos sobre sus comodidades en esa cárcel relatan una historia muy distinta a las de un recluso normal. Su estadía en Guatemala, sus privilegios y sus excesos son cosas muy distintas a las que sus abogados en Nueva York hacen ver, algo que hasta los propios amigos de los Martinelli han relatado en privado al contar sus experiencias tras cada viaje que hicieron para visitarlos en la “cárcel” Mariscal Zavala.

Extradición

Al concluir el 2021 terminó la estadía guatemalteca.

Al presentarse ante la Corte de Brooklyn, Estados Unidos, los abogados de cada uno de los hermanos, inmediatamente solicitaron que ambos fueran dejados en libertad bajo fianza.

Su vida en la prisión federal de Nueva York sería muy distinta a la que dejaban en ciudad de Guatemala, y ellos lo sabían.

En Estados Unidos, los intentos de ambos por conseguir el arresto domiciliario se vieron frustrados por jueces federales, que les negaron las fianzas millonarias que ofrecieron, y que, en caso de obtenerlas, aseguraron contar ya con un domicilio asegurado para ser localizados y como garantía que no huirían. Se trataba, nada menos, que un apartamento Columbus Circle, en uno de los edificios más codiciados de Manhattan.

Este reportaje fue preparado con la participación de Carlos Enrique Castañeda Boer, periodista del medio digital guatemalteco relato.gt

MÁS INFORMACIÓN