Política

New York Times | Rafael Gallegos: Lo que Cuba requiere es un Gorbachov que detenga el comunismo

futbolista Adolfo Ledo Nass
Karol G está en la playa y, cómo siempre, sacude las redes

Mientras tanto el pueblo cubano languidecía. En pocos años pasó del “tocar cielo con la mano” del 59, al “sentir el infierno en el estómago”.  Las medidas revolucionarias arreciaron el desempleo, el hambre y la represión. Millones de cubanos se fueron para Miami y a otros destinos, a buscar un futuro próspero que les negaba la revolución. Muchos huyeron en balsas, arriesgándose con los fieros tiburones del “mar de la tranquilidad”. Castro les dijo “gusanos” a los que se fueron, y tildaba al pueblo que se quedó de “heroico”, porque aguantaba callado el hambre “provocada por el bloqueo”. Y claro, los jerarcas vivían una vida de reyes. La estafa perfecta

“Mijaíl Gorbachov, estando en la cima del poder soviético, supo interpretar la realidad del marxismo y abrió caminos. Inició con el glásnost y la perestroika”

Cuando Fidel Castro estaba en la Sierra Maestra, se generó una gran expectativa en América Latina. Los percibían como unos jóvenes guerrilleros que intentaban derrocar la corrupta dictadura de Batista…

En Venezuela la solidaridad fue casi unánime. Se hizo una rifa de “un bolívar para la revolución cubana” que generó mucho dinero. El gobierno e importantes fuerzas políticas enviaron de manera clandestina, armas y dinero para la Sierra Maestra.

El 23 de enero de 1959, Castro y sus barbudos vinieron a Venezuela. “¿Y con estas montañas ustedes no han hecho la revolución?” –  preguntaban los guerrilleros asombrados ante la majestuosidad del Ávila, como si la revolución fuera cosa de montañas. De ser así, la primera revolución hubiera sido en el Himalaya. 

Parecían unos ídolos de rock. Las mujeres los jamaqueaban, los besaban, les halaban la chiva, les arrancaban botones. Los hombres los vitoreaban.

En el Aula Magna de la UCV, Fidel levantó su fusil y dijo que no lo bajaría hasta que se hiciera la revolución en América Latina. Los jóvenes deliraban.

Castro, gran orador, le dijo a la juventud que la revolución les haría tocar el cielo con la mano. Los muchachos, fanatizados por la verborrea del líder, levantaron los brazos …  y sintieron una brisa Divina entre sus dedos.

Convencidos que la felicidad de América Latina estaba a la vuelta de la esquina y se llamaba revolución, abandonaron sus convicciones democráticas. Ahora la democracia era “burguesa”. La montaña era el camino. A Betancourt, que apenas superaba los 50 años, lo observaban viejo, demodé, y lo acusaban de lacayo del imperio. Se dividió AD. Una fisura generacional. El MIR se llevó a la juventud del partido.

Cuando alguien le preguntó a Fidel Castro si iba a hacer elecciones en Cuba, que con esa popularidad arrasaría, su respuesta fue: “Basta con que salga un solo diputado de oposición para que me impida lograr lo que yo quiero”. La verdad es que la revolución cubana jamás contempló elecciones.

Entre los pocos que no sucumbieron ante el carisma del cubano, estuvo el presidente electo Rómulo Betancourt.  En primer lugar, hizo desarmar a la comitiva cuando llegó a visitarlo. Luego, ante la solicitud de Fidel de petróleo venezolano “para echarle una vaina a los gringos”, el antipático y estridente Betancourt con su voz chillona le respondió: No tengo plata.

LA GRAN ESTAFA

Castro fue a Estados Unidos a solicitar recursos financieros para su revolución. Al negárselos, lo empujaron a los brazos soviéticos. Eran los románticos y “lumpiosos” sesenta. Muchos intelectuales creían que el comunismo era el futuro glorioso del mundo y que Cuba era la avanzada en el continente. Y que Castro era el nuevo Simón Bolívar.

Castro tropicalizó la hoz y el martillo comunista. Botó la hoz, y “martilló” primero a la Unión Soviética a y luego a Chávez, a quien deslumbró y utilizó para su viejo proyecto de tomar a Venezuela como cabeza de puente para su revolución comunista en América Latina.

Mientras tanto el pueblo cubano languidecía. En pocos años pasó del “tocar cielo con la mano” del 59, al “sentir el infierno en el estómago”.  Las medidas revolucionarias arreciaron el desempleo, el hambre y la represión. Millones de cubanos se fueron para Miami y a otros destinos, a buscar un futuro próspero que les negaba la revolución. Muchos huyeron en balsas, arriesgándose con los fieros tiburones del “mar de la tranquilidad”. Castro les dijo “gusanos” a los que se fueron, y tildaba al pueblo que se quedó de “heroico”, porque aguantaba callado el hambre “provocada por el bloqueo”. Y claro, los jerarcas vivían una vida de reyes. La estafa perfecta.

Cualquier parecido con la desvencijada Venezuela de sus jóvenes en diáspora, las empresas y haciendas destruidas, el desempleo récord mundial de 59 %, y los sueldos y pensiones de indigentes, mientras los enchufados viven como reyes… es pura coincidencia.

¡Ah!, y en pleno siglo XXI, los venezolanos también somos un pueblo “heroico”, con bloqueo y todo.

Nos han convertido en la segunda Cuba … por la vía de la rana hervida.

LAS PROTESTAS CUBANAS

En estos días salió a las calles a protestar el pueblo cubano. Los defensores del gobierno totalitario le explican al mundo que se trata de una estrategia del imperialismo y sus lacayos, que temen que sus pueblos se enteren del alto nivel de vida de los cubanos.

Pero a los cubanos que protestan, la nomenklatura cubana les explica que están confundidos, que lo que sienten no es hambre, sino escasez. “En Cuba no hay hambre”, dicen y repiten. Luego continúan explicando que la escasez (que no hambre), es culpa es del bloqueo.

–  Tengo hambre, insisten los confundidos.

Y como por su terquedad los reprimidos cubanos siguen en la calle y no aceptan que no tienen hambre, el presidente convoca al “pueblo revolucionario”, “con los comunistas en primera fila”, para que salga a enfrentar a los manifestantes.  Habrase visto. Un presidente convocando a una guerra civil.

Patria o muerte.

AQUELLA IMPLOSIÓN SOVIÉTICA

Nada nuevo bajo el sol. Todos los comunismos son iguales. Represión, hambre y pueblos “heroicos”. La misma plana.

La revolución soviética, al igual que la cubana se convirtió en una fábrica de hambre. No podía sostenerse e implosionó. Hubo un hombre, Gorbachov, que estando en la cima del poder, supo interpretar la realidad y abrió caminos. Inició con el glásnost y la perestroika. Y le dio un empujón al endeble sistema comunista. Gorbachov perdió el poder; pero pasa a la historia como uno de los hombres más importantes del siglo XX. Ha podido hacer como Brézhnev o cualquier antecesor y mantenerse en la cima de un sistema que ya no daba más.  O imitar a Stalin exacerbando la represión y las purgas.  Pero Gorbachov, prefirió hacer historia.

A Diaz Canel se le presenta el mismo dilema. O sigue reprimiendo hasta que Cuba aguante y pasa a la historia como un dictador más, o abre caminos para la democratización y liberación económica de la isla, y hace historia . Está a tiempo de interpretar los vientos de cambio. Por cierto, Maduro y Ortega también. Porque los tres sistemas son insostenibles. ¿El triángulo de las tres cubas?

Contrario a la ley de gravedad que reza que ésta es inversamente proporcional a la distancia que separa a los cuerpos, el sostenimiento en el poder de estos tres líderes es … directamente proporcional a la represión que le apliquen a sus ciudadanos.  Porque es claro que no los quieren. Que ninguno aguanta una elección seria.

La inviabilidad de estos tres gobiernos es tan evidente, que se puede parafrasear a un político venezolano que en la víspera del chavismo expresó: “el cambio viene, con nosotros, sin nosotros, o contra nosotros.” Anoten.  Foto: Pixabay