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El legado de lucha y unión de Héctor Gallego, a 50 años de su desaparición

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“Como no era exitosa su campaña para desmoralizarnos, la autoridad comenzó a amenazar. El mismo gobierno comenzó a presionar a la cooperativa. Pero nos mantuvimos unidos… No se puede marchar muy lejos si somos un foco aislado”, mencionó el padre

Sabía que los militares y poderosos podían desaparecerlo. Pero se aseguró de que sus feligreses siguieran unidos, luchando por sus derechos

“Si desaparezco no me busquen, sigan la lucha” . Al cumplirse 50 años de la desaparición del sacerdote Jesús Héctor Gallego, esta frase en particular (una de sus últimas)  sigue viva en la mente de miles de campesinos de las montañas del distrito de Santa Fe, en la provincia de Veraguas, que al igual que muchas comunidades católicas del país, recuerdan hoy el trágico final de la vida del “padre de los campesinos”.

Héctor Gallego fue secuestrado el 9 de junio de 1971, por un escuadrón de los Macho de Monte, de la Guardia Nacional de la época. Al momento de su desaparición tenía 33 años.

El padre nació el 7 de enero de 1938 en Salgar, Antioquia, Colombia. El 21 de diciembre de 2000 fueron encontrados seis restos en fosas comunes en el Cuartel de Los Pumas de Tocumen.

El único”pecado” de Héctor Gallego fue emprender proyectos sociales y organizar a los campesinos, a la población pobre de la zona, en cooperativas de consumo, con el fin de dignificar su trabajo, porque en ese tiempo eran sometidos y explotados por las familias de poder”.

De hecho, al sacerdote y a su movimiento social, las élites de poder política de aquella época, y los terratenientes, los acusaron de “comunistas”. También se emprendió una campaña para desmotivarlos, y que dejaran de organizarse.

Última entrevista La emisora católica Radio Hogar , recordó hoy una entrevista radial que se le hizo al padre Héctor Gallego, en 1971, solo 5 días antes de su secuestro.

Y allí, Gallego se refiere al tema de las acusaciones de supuesto comunista.

“Como no era exitosa su campaña para desmoralizarnos, la autoridad comenzó a amenazar. El mismo gobierno comenzó a presionar a la cooperativa. Pero nos mantuvimos unidos… No se puede marchar muy lejos si somos un foco aislado”, mencionó el padre.

En aquella entrevista, el sacerdote resume muy bien su filosofía de trabajo con los campesinos de Veraguas. Él no quería ser un líder de púlpito, prefería el trato cercano con las personas, ir a sus casas, ir a sus sembradíos, conversar cara a cara, y sentir de viva voz sus necesidades y expectativas.

“La celebración de la eucaristía, los bautismos casi nunca la hacemos en los pueblos grandes, sino en cada centro, donde los grupos son más limitados, y por tanto hay más relaciones personales, no se siente ese peso de la masa, sino que se siente la cercanía, la convivencia viva”, recuerda Héctor Gallego en su última entrevista.

Así de cercano a su rebaño fue este pastor, que aunque han pasado 50 años de su partida, en las zonas rurales de Veraguas, los campesinos que lo trataron le siguen sintiendo cerca.