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Reflexiones de Cuarentena Día 2

Rocio Higuera, Periodista Rocio Higuera
Reflexiones de Cuarentena Día 2

Día 2

“En lugares de verdes pastos me hace descansar; junto a aguas de               reposo me conduce.”  (Salmo 23:2) Una de las labores más comunes de los pastores de ovejas es conducirlas de un lugar a otro para que pasten y beban. En un día ideal, luego de haber caminado cierto trayecto, un pastor desearía encontrar un prado con pastos verdes y agua limpia para que sus ovejas se sacien y descansen seguras antes de reiniciar su camino. Según el autor de ese poema bíblico, su pastor cumplía cabalmente esa función pues le conducía habitualmente a lugares excelentes.  ¿A qué se refería David? Obviamente, y en primer lugar, se refería a su sustento material.  Verdes pastos significó entonces y significa hoy alimento oportuno y suficiente sobre nuestra mesa, ropa con la cual cubrir el cuerpo, un techo donde cobijarnos, medicina para nuestros enfermos, y un etcétera no muy largo (porque hablamos de sustento básico). En una generación en que el hombre se percibe tan autosuficiente, le hace bien recordar que cada bocado es un regalo por el cual agradecer, aunque se obtenga con “el sudor de su frente”. ¡Cuántos hoy aún con recursos no pueden saciarse porque una circunstancia abrumadoramente superior se lo impide! Contar, pues, con alimento, techo y abrigo es algo que debemos valorar más que antes, y esa es una gran lección que este tiempo nos puede dejar. Por otro lado, la escasez también es una gran maestra y no debemos malinterpretarla convirtiendo sus lecciones en una ansiosa preocupación.  En una ocasión el Buen Pastor dijo: no se preocupen ansiosamente por vuestra vida, qué comerán o qué beberán; ni por su cuerpo, qué vestirán. ¿No es la vida más que el alimento y el cuerpo más que la ropa? (…) no se preocupen por el día de mañana; porque el día de mañana se cuidará de sí mismo. Bástele a cada día sus propios problemas. El no estaba fomentando una vida contemplativa. Debemos trabajar y ser diligentes, pero debemos hacerlo confiados en que ese Buen Pastor nos conducirá sabiamente donde haya pastos para comer y aguas para beber, aunque todo el panorama indique lo contrario. La confianza en sus buenas intenciones, en su buen juicio y poder, así como en su correcta valoración de lo más importante (vida y cuerpo vs. alimento y ropa) nos debe traer tranquilidad aún contra todo pronóstico humano. Anticiparnos con ansiedad al problema de mañana, nos quitará fuerzas para enfrentar el de hoy, y cuando llegue el día de mañana descubriremos que éste se cuidará de sí mismo. En su oración modelo Jesús enseñó a pedir por el pan nuestro de cada día. No está mal aspirar a tener hoy el pan de todo un mes, pero pedir por el pan de hoy, es una realidad que muchos habíamos olvidado. Quizás también nos haga bien recordar que el compromiso del pastor con sus ovejas no se agota cada día, sino que se renueva cada mañana como el maná.  Depender diariamente de la provisión de Dios es un acto de fe que necesitamos ejercitar durante este período de aislamiento. En segundo lugar, verdes pastos también significa recibir  sustento espiritual porque no sólo de pan vive el hombre sino de toda palabra que sale de la boca de Dios. La palabra de Dios alimenta el hombre interior.  De la misma forma en que la voz del pastor orienta y tranquiliza a las ovejas, la palabra de Dios ilumina nuestro camino y asienta nuestras emociones. En una ocasión unos discípulos de Jesús se quejaron de que su palabra era dura y se volvieron atrás; Jesús dijo a los doce de su círculo más íntimo ¿ustedes también se quieren ir?  Pedro respondió: ¿A quién iremos?  Tu tienes palabras de vida eterna. La palabra de Dios vivifica espíritus quebrantados. Quien medita en ella de día y de noche, será como árbol plantado junto a corrientes de aguas que da su fruto a su tiempo y su hoja no cae, y todo lo que hace prosperará.  Así que aprovechemos el tiempo extra de que disponemos en estos días y alimentémonos con esa palabra en  porciones  balanceadas. Finalmente, esos verdes pastos y esas tranquilas aguas mueven al descanso.  Cuando esas ovejas se saciaban, podían estar quietas y recuperar fuerzas mientras rumiaban su alimento.  Dios también quiere que nosotros descansemos físicamente y encontremos en El nuestro reposo espiritual. Irónicamente en estos días la mayoría lo estamos haciendo sin habérnoslo propuesto. El también ofrece paz y reposo. Nos invita: vengan a mi todos los que están trabajados y cargados  y yo los haré descansar.

Rocio Higuera