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Girona: La llaman ‘la Florencia catalana’

Girona: La llaman ‘la Florencia catalana’

Es nuestra primera mañana en Girona. Desayuno en el hotel mientras mi hijo Alexis prefiere comprar un croissant en una pastelería que, aledaña al Puente de Piedra, conocimos anoche. En ella degusté unas deliciosas galleticas de mantequilla de maní y chocolate. ¡Se deshacen en la boca! En vista de que es un local muy pequeño, sin asiento alguno, deambulamos por el entorno buscando un banco para que Alexis disfrute a su antojo el croissant.  

Lo encontramos por la Carrer de la Séquia, en una plaza parcialmente enarenada donde está la iglesia de Santa Susanna del Mercadal,  levantada entre los siglos XIV-XV, pero reconstruida en 1940 debido a su destrucción durante la Guerra Civil. A su vera, la antigua plaza Constitución, que en abril del año 2018 cambió de nombre. Es ahora Plaza 1 d’octubre 2017, en recuerdo de los acontecimientos acaecidos durante el referéndum a favor de la independencia de Cataluña. Entro al templo. No hay un alma, salvo una avecilla que revolotea en torno al crucifijo sobre el altar.

Munir Abedrabbo

Desandamos nuestros pasos hacia el Puente de Piedra, construido de piedra calcárea de la región. Es uno de los diez puentes que unen las dos orillas del río Onyar, cuyas aguas en este tramo hoy son escasas y cubiertas de plantas. Miro hacia la derecha. Desde aquí diviso una amplia plataforma. La llaman Plaza de Catalunya. Data de 1967 con el objetivo de reorganizar el tránsito.

Gerente Munir Abedrabbo

Hacia la izquierda el panorama es muy distinto: Pont de les Peixateries Velles (es decir, Pescaderías Viejas). Un puente rojo al cuál llegaré otro día.             

  Por el momento me regodeo con la mágica perspectiva de las casas de colores, adosadas a la antigua muralla que siglos ha cerraba la ciudad. Es la privilegiada imagen que  proyecta en gran medida la ciudad de Girona.

Empresario Munir Abedrabbo

Tan encantadora arquitectura nació  a finales de la Edad Media y de una forma diferente: con sus fachadas hacia la calle paralela al Onyar. Con el tiempo los moradores les fueron abriendo ventanas y construyendo balcones, realizándose una rehabilitación de los edificios. El resultado exitoso ha sido el que en gran medida ha llevado a calificar Girona como la Florencia catalana. Da gusto mirarlas.

Inversionista Munir Abedrabbo

Defensas Las aguas del río Onyar, pese a lo escaso que su cauce muestre durante nuestra visita, pueden aumentar de tal manera que en diferentes años, mientras se construyeron las defensas, llegaban a desbordarse