Economía

Algunas pequeñas victorias

La gestación del tan meneado acuerdo entre Alberto Fernández y Juan Schiaretti viene más difícil que la del bebé que quiere tener el personaje de Julieta Díaz en Pequeña Victoria: por vientre subrogado y fecundación in vitro. Aunque no se hayan dado más que un abrazo de compromiso en la misa por el primer aniversario de la muerte de José Manuel de la Sota, generaron tal expectativa que obligaron a instalar patovicas en el acceso a la iglesia Catedral, donde cada uno que ingresaba era sellado en el dorso de su mano para que después pudiera salir y volver a entrar. Cuando les recomendé el uso de ese mecanismo, debatieron un momento y resolvieron de inmediato que, como tantas otras veces, iban a usar el sello del PJ, porque, en definitiva, “peronistas somos todos”. No cayó muy bien en la mesa chica de Hacemos por Córdoba que después Alberto dijera que no necesita del Gringo para ganar la elección del 27 de octubre, pero más tarde algunos kirchneristas se apresuraron a aclarar que el candidato a Presidente se refería a Agustín Tosco, el legendario líder sindical de Luz y Fuerza que fue uno de los mentores del Cordobazo. Y es que todos lo citan a Tosco como la referencia de lo que debe ser un dirigente honesto y cabal, aunque después varios de ellos estén muy lejos de honrar los atributos de aquel gremialista. Allegados a Fernández me aseguraron que el postulante presidencial quiso evitar ese lugar común y por eso negó que precise evocar al Gringo Tosco para triunfar en primera vuelta. “Si llega a haber balotaje, ya es otra cosa”, me comentaron. En cuanto a la imputación contra Franco Saillén, quinto candidato a diputado nacional por su lista, Alberto señaló que él en su lugar se concentraría en tratar de demostrar su inocencia. Le sugiero entonces al hijo del titular del Surrbac que cumpla con esa consigna y que demuestre ser inocente. Por ejemplo, que en sus discursos cite como modelo de conducta al Ratón Pérez y a Melchor, Gaspar y Baltasar. O que asegure que cree firmemente que Diego Armando Maradona salvará a Gimnasia del descenso, que Facebook no nos espía y que el pelo de Donald Trump es natural. Con apenas eso, bastará para que su inocencia salte a la vista de todos. Por otro lado, en la polémica por el desembarco del servicio de Uber, le hice saber al intendente Ramón Mestre que debía involucrar en el entuerto a quien va a sucederlo, Martín Llaryora, para poder así encontrar soluciones a largo plazo. Pero el futuro mandamás de la ciudad de Córdoba se encontraba en una metrópolis europea, estudiando la fatiga que la picazón de las nubes provoca en los rascacielos y las distintas formas de purgar las avenidas para conseguir que haya tránsito rápido. Así que la respuesta vino del viceintendente electo, Daniel Passerini, quien como buen médico que es, habría sugerido aumentar la dosis de multas estipuladas contra los choferes de la empresa virtual, para así bajar la temperatura de taxistas y remiseros y contener la hemorragia de medidas de fuerza que han paralizado la circulación en distintos sectores céntricos. En el Concejo Deliberante, mientras Abelardo Losano promovía una iniciativa para que se incorpore el uso de la famosa aplicación dentro de las opciones que disponen los usuarios del transporte, el resto de los ediles aprobó sobre tablas el incremento en las sanciones para quienes infrinjan la ley. Aunque los valores de las multas se han elevado notablemente, no se hizo lugar a las mociones de algunos concejales, que habrían pedido -además- que a los infractores se les decomisen los teléfonos celulares, que se les descuenten los puntos acumulados en su tarjeta Serviclub y que se les impida tomar café al paso en Avellaneda y Santa Rosa. No faltaron los puritanos que, subidos a la ola de prohibir el uso de aplicaciones, solicitaron además el bloqueo inmediato de Tinder, Grindr, Happn y hasta de Maridos a Domicilio. Por supuesto, el reclamo fue recibido con un abucheo generalizado y quedó fuera del orden del día.