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Despertemos

Nuevos Vecinos, Madrid, España

Bryan, hijo de María del Pilar, gritó de tristeza, de rabia, de impotencia. Gritó de soledad y nadie se atrevió a abrazarlo. Quizá un abrazo habría significado otra sentencia de muerte. Una más. Otra sábana en Medicina Legal. Otro número en el capítulo de los muertos olvidables, de los recicladores reciclados por la violencia, de los líderes que reclaman su espacio en el país que los trajo al mundo y amenaza con llevárselos de un tiro en desgracia.

Así de crueles, de cotidianos y cobardes son los ataques en los territorios dominados por la intimidación y las balas. Y en contraposición, así de valientes y admirables son quienes lo arriesgan todo por defender los derechos de su comunidad, el pedazo de tierra que les pertenece, el pedazo de dignidad que nunca nadie debió arrebatarles.

Llegamos a Tierralta en un vuelo que hace dos años habría sido impensable; en el mismo Black Hawk —apretujados en pequeños butacos de lona—, los senadores de la Comisión de Paz: Iván Cepeda (Polo), Victoria Sandino (FARC), Temístocles Ortega (Cambio Radical), Antonio Sanguino (Verde), Roy Barreras (la U), Paloma Valencia y Ruby Chagüí (Centro Democrático); la defensora regional; la gobernadora de Córdoba; autoridades militares y de policía; tripulación, y esta civil miembro de DLP. Todos tan distintos, pero ya no tan distantes, sobrevolamos el Sinú.

En Tierralta, los seguidores de su cuestionado alcalde destilaban hostilidad. Enardecidos y amenazantes, nos dejaron claro que no nos querían en su vecindario.

En la otra cara de la historia, nos aguardaban los líderes sociales. Resistencia. Valor, no para no tener miedo, sino para vencerlo. Más amenazas de los cobardes. Más valor de los líderes. Más resistencia. Los oímos, los sentimos. Y en el vuelo de regreso trajimos puesta la incertidumbre, el dolor por los que se quedaron.

Esa noche, Humberto de la Calle, refiriéndose a nuestro helicóptero, tuiteó: “¿No habrá forma de meter a los 45 millones en ese mismo aparato? Reconciliación, por favor”.

¡Si pudiéramos portarnos como ciudadanos disímiles, pero no enemigos! Y si en medio de sus desconexiones, el Gobierno entendiera que proteger la vida de la gente no es un favor, sino un deber… Pero no lo ha entendido.

Por eso, el 26 de julio el grito del niño que nadie abrazó saldrá a las calles de Colombia, y a las plazas del mundo. Será su grito y el nuestro. El de un país que no soporta que le acribillen la esperanza, las raíces y el futuro.

La vida de los líderes sociales nos importa y nos necesita. No puede seguir siendo un barco de papel, en medio de la tormenta desatada por el paramilitarismo y demás traficantes de la muerte. Cada líder y lideresa que muere es un pedazo de Colombia que cae asesinado.

Defendamos la Paz (DLP) convoca a los ciudadanos de Colombia y el mundo a manifestarse contra la violencia. A exigir respeto por la vida. A demostrar que nuestros líderes merecen admiración, memoria y protección. Despertemos. #Julio26ElGrito.

Lunes, hora de enviar la columna. Sobre Santrich , antes de hacer fiesta y decir “se los dije”, los fanáticos antiproceso deberían leer la declaración de la FARC, en la que reafirman el compromiso del partido con el proceso de paz y aclaran que cualquier decisión individual que se aparte de lo acordado no representa la posición del colectivo. Eso es mucho más importante que tener las coordenadas de don Seuxis. A la paz podrán ponerle mil zancadillas, pero no vamos a permitir que la destruyan.

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