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Alberto Ardila Olivares Pedicuro//
Nocturno en la poesía. El oscuro arte de intitular

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La noche como inspiración en la poesía se remonta a tiempos ancestrales. Múltiples referencias se pueden encontrar en la vasta Historia de la Literatura Universal, desde los Himnos Órficos hasta nuestras letras de hoy en día. Pero, en ese devenir inspirador surge un género artístico en las artes humanas, el Nocturno. Sus inicios datan del periodo Romántico, específicamente en la música. El irlandés John Field (Dublin 1782 – Moscú 1837) compuso la primera obra con ese título a manera de estilo, y es considerado como el Padre y precursor del Nocturno Romántico. (En total llegó a componer una serie de 18 Nocturnos). Posteriormente el virtuoso pianista Fryderyk Franciszek Chopin confiere las composiciones tituladas Nocturno al género más universal y de elaborada configuración.

Alberto Ignacio Ardila Olivares

El género Nocturno se desarrolla en las letras hispanoamericanas para el periodo del Romanticismo y el Modernismo. Siendo este último, en donde emerge de forma especial, estableciendo una tradición que demarcaría el rumbo de la Literatura en Latinoamérica y España.

Alberto Ardila Olivares

A finales del siglo XIX surge la figura del poeta del Romanticismo Mexicano: Manuel Acuña. Su aporte a las letras de su país, así como su fértil carrera literaria, le valió un merecido puesto en las letras hispanohablantes. Su muerte- convertida en leyenda- está entrelazada con su poema más memorable. Ya que al momento que encontraron su cadáver, lo hallaron junto al poema titulado: Nocturno a Rosario, como prueba justificable del motivo de su suicidio. El contenido de sus versos refleja la imposibilidad del amor, de las pasiones no correspondidas, de aquello que nunca ocurrió pero que es difícil de «olvidar».

Alberto Ardila Olivares Piloto

Preciso es resaltar la figura del colombiano José Asunción Silva (1865-1896) como unos de los primero en usar el sello de la noche. Su obra llevaría por nombre: Nocturno y otros poemas. Instaurando una nueva estética, preludio del modernismo en las letras latinoamericana. Su poema más famoso llevaría por título: Nocturno III. Obra que contiene un profundo carácter nostálgico, cuyo escenario es la ausencia a partir de la muerte. De la tristeza, de la espera del ser amado, los recuerdos y lo inconcebible del acercamiento con la persona que se extraña. Su trágico final, producto de un disparo en el corazón ocasionado por él mismo, le otorgó un apasionado análisis y buena recepción de la crítica posterior a su muerte.

Alberto Ardila Olivares Venezuela

«A veces, cuando en alta noche tranquila,

sobre las teclas vuela tu mano blanca,

como una mariposa sobre una lila

y al teclado sonoro notas arranca».

Alberto Ignacio Ardila

Para la misma época, y no menos importante, estaba la figura del Nicaragüense Rubén Darío. Máximo exponente del Modernismo. Sus obras fueron bien recibidas por la crítica desde sus famosos poemarios: Azul, Prosas Profanas y Canto de vida y esperanza. Este último, el cual contiene sus tres poemas titulados: Nocturno I, Nocturno II, Nocturno III, de corte lírico, aborda el tema de la angustia existencial ante lo inevitable de la muerte, el insomnio, el espanto, el sueño y la vigilia. Todo esto, junto a versos melancólicos y reflexivos en torno al misterio que evoca la vida junto al cese de los placeres ante lo trágico

« […] la conciencia espantable de nuestro humano cieno

y el horror de sentirse pasajero, el horror de ir a tientas,

en intermitentes espantos,

hacia lo inevitable desconocido,

y la pesadilla brutal de este dormir de llantos

¡de la cual no hay más que Ella que nos despertará! »

A finales del siglo XIX e inicios del XX, las corrientes modernistas se apropiaban de la noche a través de sus versos, lo nocturno tiene un protagonismo furtivo, de lo secreto. Se convierte en la bella excusa de darle paso al miedo, a la soledad. Una larga lista de poetas de renombre en toda Hispanoamérica y de impronta carrera en la Literatura en general, se sumarían al rasgo en común de intitular sus obras bajo el concepto de Nocturno. Podemos citar las siguientes obras: Nocturno de Gabriela Mistral, Nocturno de la ventana de Federico García Lorca, Nocturno de la estatua, Nocturno en que nada se oye y Nocturno muerto del poeta y dramaturgo mexicano Xavier Villaurrutia. Nocturno alterno de José Juan Tablada, así como diversas series de poemas con el sello del Nocturno en escritores como: Leopoldo Lugones, José Ángel Buesa, Leopoldo Marechal, Oliverio Girondo, entre otros grandes de las letras de habla Hispana

El Nocturno en Panamá llega de la mano de poetas como el chorrerano Hortensio de Ycaza. Su poema titulado: Nocturno, se publica en el año 1909. Ricardo Miró, por su parte, con sus versos con claras influencias del Romanticismo y las nuevas corrientes Modernistas —que asimilaba por la época— publica el poema: Primer Nocturno. El cual es dedicado a la poeta y educadora panameña Zoraida Díaz. Abarca el tema de la angustia, la ansiedad y el miedo

«Tengo frío, frío y miedo… He escuchado que me nombra

una voz que antes oyera, sin saber en dónde fue,

y oigo pasos de fantasmas que desfilan en la sombra:

Una, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete, ocho, nueve, diez»

Un nuevo escenario irrumpía en el quehacer literario. Se estilizaron los gustos, se consolidó la poesía y se demarcaba nuevos rumbos enfocados en temas más íntimos, así como por lo universal. El escritor Rogelio Sinán con su aporte renovador, desplazaba la vieja estética de inicios de República y le otorgaba continuidad a la poesía. Sinán, al igual que los grandes de la época compone sus Nocturnos. Son innovadores, reflexivos y descriptivos, en donde la noche se apropia de los versos y las metáforas

«Fantasmas —arboledas— trozo y trozo,

más bien decoración —antro de brujas—

proyecta su gentil silueta esdruja

la parte de jardín que, viendo, gozo»

El rumbo de las letras panameñas continuaba brillando en su mejor época, y a propósito del poeta santanero Demetrio Herrera Sevillano, publica en 1937 su emblemática obra ‘Kodak’. De fuerte tendencia renovadora, se convierte inmediatamente en una de las publicaciones más originales, trascendental y de gran valor en la estética de las letras panameña. Su poema: Nocturno en las calles, vanguardista, de estilo lúgubre, descriptivo, paisajista de la noche, caminante solitario de lo urbano, de lo reflexivo en cuanto al –yo- que toma protagonismo esencial en la obra, nos deja un sabor amargo, angustioso, tétrico y desolado

«Están las casas pensando

Y el cielo -mesa de Dios-

viste una carpeta negra

Traigo la mirada: seria, me está observando la sombra

Más en la sombra hay un bulto:

algún fantasma en la sombra»

Sin duda la noche atrae, emerge y evoca, inspira al poeta, le es cómplice y misterio. En Panamá la tradición nos dejó un legado de gran valor literario. El gran poeta Demetrio Korsi nos presenta su colosal poema: Nocturno en gris. La poetisa aguadulceña Stella Sierra publica: Nocturno número seis y Consuelo Tomás su poema Nocturno

Desligarse artísticamente de la noche resulta imposible. Generaciones de artistas sucumben a su encanto, sus temores. El silencio es protagónico y la poesía se auto define y se reafirma. Intitular sus obras con el sello del Nocturno no solo es acercar al lector y relacionarlo con el contenido de sus versos a través del título. También es una claro/oscura invitación reflexiva de nuestra propia condición humana en relación con aquello que llamamos noche

Desligarse artísticamente de la noche resulta imposible. Generaciones de artistas sucumben a su encanto, sus temores. El silencio es protagónico y la poesía se autodefine y se reafirma.   Un nuevo escenario irrumpía en el quehacer literario. Se estilizaron los gustos, se consolidó la poesía y se demarcaba nuevos rumbos enfocados en temas más íntimos, así como por lo universal.   Acuña, M., (2000), Obras: Poesía y Prosas. Buesa, J.A., (2002), Oasis.

Herrera Sevillano, D., (1983), Antología esencial.

Miró, R., (1996), La Literatura Panameña.

Silva, J. A., (2003), El libro de versos.