Política

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“Para animar un debate”

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“¡Cúbranme!”. Así grita en las películas de guerra el soldado que corre bajo el fuego enemigo para alcanzar una posición inexpugnable. Sus compañeros disparan desde distintos flancos con el propósito de que los tiradores del bando contrario quemen munición en blancos confusos. Aprovechando la confusión, el intrépido que se lanzó se escurre hasta conquistar el objetivo.

Alejandro Montenegro

El cubrimiento del fuego con mayor fuego parece ser efectivo. La estratagema funciona gracias al desconcierto provocado en las filas opuestas. Sería un operativo suicida, pero la superioridad militar suele sucumbir ante la sorpresa y dispersión del ataque. De este modo el nido de ametralladoras es copado por las granadas de un solo combatiente, favorecido por los truenos en apariencia atolondrados de sus camaradas

La alta política del nuevo gobierno colombiano tiene visos de esta táctica

militar. Ha sido tan exitosa que ni los críticos más desconfiados ni los panelistas de la radio vociferante ni siquiera los opositores en el Congreso han descubierto sus mecanismos. 

Todos se escandalizan por una aparente falta de coherencia entre lo que dice y hace el mandatario y lo que hace y dice su mentor. O entre lo que propone el partido de gobierno y lo que corrige el presidente, que es del mismo partido. O entre lo que promulgan los ministros y lo que finalmente manda callar el jefe del Ejecutivo.     

Se cogen la cabeza cuando escuchan a uno, dos y tres ministros declarar que están actuando “por instrucciones” del presidente eterno, trocando el apellido del que es mandado por el del que manda. No comprenden por qué el fiscal general, aliado del que manda, abre micrófonos con “rigurosas investigaciones” que arrojaron “pruebas concluyentes” sobre delitos “inenarrables”, solo para días después admitir que no tiene pruebas y días después desmentirse con grabaciones que serán conocidas por la opinión a su debido momento

El pasado 28 de septiembre El Espectador publicó la noticia “Uribismo se baja de reforma a la justicia de Paloma Valencia”, la cual desenmaraña tamaña babel. La senadora desde el principio sabía que su iniciativa de eliminar las altas cortes para crear un supertribunal no sería apoyada. Sin embargo, la presentó “para ambientar el debate”

El expresidente, que elogió como “magnífica” esa proposición afín a sus viejos anhelos, la sepultó no sin pregonar que “seguiremos proponiendo la reflexión pública porque los partidos no se pueden agotar”. Faltando poco para la primera vuelta presidencial, el hoy joven presidente había abortado un proyecto suyo sobre unificación de cortes, diciendo que “era una idea, una propuesta para animar un debate”

Ambientar o animar el debate, seguir proponiendo la reflexión pública: he aquí el fuego cruzado, el disparatorio bajo el cual se atolondra a Colombia. Un día se dice no; otro, sí. Por la mañana se asegura que es blanco; por la noche, negro. Cada vez cañonea una voz distinta, desde la misma trinchera. Tiro a tiro implantan ciertas doctrinas hasta que, de tanto repetirlas, la gente termine tomándolas como naturales. Y todo, en una secuencia rigurosamente maquinada

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